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viernes, 15 de octubre de 2010

Eduardo Mendoza rechaza de plano los ebooks

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El joven escritor barcelonés (con el pelo blanco y corbata en la foto) ha ganado merecidamente el Premio Planeta que, por esta vez, será poco contestado dado el respeto que, en general, se tiene al autor en este país. La novela habrá que leerla, claro, porque promete y porque leer un premio Planeta es siempre meritorio y el señor Lara (con el pelo blanco y corbata en la foto) lo agradece.
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También las señoritas de la foto, a la sazón ministra de cultura y escritora, se han despachado a gusto contra los libros electrónicos y otros útiles eléctricos en general, había que oírlas, que desparpajo y que énfasis en su rechazo. Hasta el señor Lara  (con el pelo blanco y corbata en la foto, vale, está bien, el que está al lado del bajito que ríe) ha tenido que sosegarlas: "Hombre, señoritas, un poco de compostura" les ha dicho.
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En un hombre no queda tan mal. Lo decimos por el premiado. Le salían sapos y culebras cada vez que le decían algo de los ebooks. Con un "Hombre, calle, calle" terminaba sus frases y callaba así a los tontorrones que le sacaban el tema más para provocar que por interés propio.
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Hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien.
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domingo, 29 de agosto de 2010

Un escritor haciendo honor a la verdad

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El País publica hoy una entrevista con Mario Vargas Llosa que trata, fundamentalmente, sobre su próxima novela, "El sueño del celta", que promete ser tan apasionante e inteligente como las anteriores.
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La entrevista tiene como colofón un suelto con el título "Literatura electrónica pasajera" que copiamos por su interés en el debate, objetivo y sosegado, que mantenemos en este blog.
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"El sueño del celta es la primera novela de Mario Vargas Llosa de la nueva era... del libro electrónico. ¿Se ha atrevido al autor de Conversación en la catedral con el formato digital? "No lo he hecho. Lo he visto, sí, lo he sopesado, pero todavía no me animo, no. La lectura todavía sigue siendo mi gran placer, claro, aunque en soporte tradicional. No hay que rechazarlo de entrada. Los defensores del libro electrónico aseguran que sólo es un soporte. Así como el papel es un soporte. Sin embargo, cuando yo veo lo que ha pasado con la televisión, veo que no es así, que la pantalla ejerce una influencia sobre la creación. Tiende a introducir una facilidad, a destacar por encima de todo el entretenimiento rápido , que es lo que ha pasado con la tele. Hay cosas fabulosas en ese medio, pero predomina la cosa leve, ligera, pasajera. Mucho me temo que la literatura en pantalla se convierta en eso".
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No está mal, no. La educación y las buenas maneras, quizás también un poco de tibieza y algunas dosis para que no se enfaden los de la tele, le hacen ser demasiado británico en este caso. 
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El texto puede ser mejorado:
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"El sueño del celta es la primera novela de Mario Vargas Llosa que aparecerá habiendo ya en España algunos tontainas que leen libros electrónicos. ¿Se ha atrevido al autor de Conversación en la catedral con el formato digital? "No lo he hecho. Lo he visto, sí, lo he sopesado, pero todavía no me animo, no. La lectura todavía sigue siendo mi gran placer, claro, aunque en soporte tradicional. Hay que rechazarlo de entrada. Los defensores del libro electrónico aseguran que sólo es un soporte. Así como el papel es un soporte. Se equivocan. Lo de fuera es lo de dentro. No hay más que ver lo que está pasando con la televisión y otros divertimentos que utilizan las pantallitas eléctricas. La pantalla ejerce una influencia sobre la creación. Tiende a introducir una facilidad, a destacar por encima de todo el entretenimiento rápido, el aborregamiento y el abandono de las posiciones críticas, lógicamente hablando, no la sarta de opiniones tontas y a gritos de los programas actuales. Hay algunas cosas buenas en ese medio, pero predomina la cosa estúpida y formativa para masas de borregos. Mucho me temo que la literatura en pantalla se convierta en eso. Por mí parte le van a ir dando a ese invento del demonio. Y voy a formar un grupo contrario a esos cachivaches, le vamos a declarar la guerra".
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viernes, 27 de agosto de 2010

Un escritor haciendo el tontaina

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Benjamín Prado es un estupendo escritor (le podéis seguir en este también estupendo blog: http://benjaminprado.blogspot.com), autor de algunos estupendos libros y poemas y estoy seguro de que es también una estupenda persona (por sus obras les conoceréis). Pero ayer, Benjamín Prado (no confundir con el estupendo escritor) publicó en el diario El País un artículo lleno de simplezas y ñoñerías. ¿Sobre qué? Sobre el libro electrónico, los ebooks y todos esos cacharros que dios confunda. Y lo decimos desde el respeto y la objetividad que son dos de los faros de este blog como bien dicen sus titulares (véanse los titulares). 
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Aquí os ponemos la dirección donde podéis leerlo (aquí) porque copiarlo nos da mucha pereza por la cantidad de chorradas y tonterías que en él se vierten.
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Y, ciertamente, estimado Benjamín Prado II, Neruda no se refería al puto ipad ni de coña en su Oda al Libro. Le ha dejado a usted el papelón de escribir la Oda al libro electrónico. Todavía está usted a tiempo de no hacerlo, ¡ni se le ocurra, bellaco!
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Una frase, con su poquito de exageración como debe ser, de su artículo lo salva y me hace albergar esperanzas para no darlo a usted por perdido: "Todo lo que no es poesía, es cajero automático". No está mal. Reflexione usted, individuo, y verá como las multinacionales de la chatarra están más cerca del cajero que de cualquier otra cosa, y sospeche, sospeche y que se vayan a freír espárragos.
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El artículo se publicó ayer y hoy, para mi desesperación, El País dedica la portada de su suplemento de Madrid, OnMadrid, al autor. Tendré que leer alguno de los estupendo libros de Benjamín Prado para quitarme el mal gusto de este Benjamín Prado. Por favor, cierre el libro y apague la luz.
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sábado, 19 de junio de 2010

"Opiniones póstumas sobre el 'e-book'" de Andrés Neuman


(El popular novelista austronorteamericano responde a una entrevista sobre el elibro electrónico, horas antes de lanzarse por la ventana y caer mortalmente sobre un camión de basura en Rockford, illinois).
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PERIODISTA. ¿Cual es el futuro literario del formato electrónico?
EDGAR FRANZ MILTON. Me importa un carajo el formato. Yo me ocupo de los contenidos. Pienso en mis personajes. Como sigamos perdiendo el tiempo con este asunto, pronto no nos quedará una sola buena historia que descargar en esos putos aparatos.
P. ¿Pero no tiene ventajas? ¿No son más pácticos para viajar?
EFM. Hay que ser imbécil para viajar con libros. Un viaje ya es un libro. Y leer es un viaje.
P. ¿Y qué hay de la posibilidad de que el libro electrónico funde nuevas formas de escritura?
EFM. Acuérdese de la escuela, joven, si es que la aprobó. ¿Usted cree que la imprenta inventó a los escritores del siglo 15? No. Esos escritores propiciaron la imprenta. Ahora igual. Las formas de lectura y escritura de todo el siglo 20 han permitido la invención de Internet. Así que nada nuevo. Excepto para usted, que tendrá que volver a la escuela. Haga algún curso online.
P. Bien. ¿Consideraría justo aumentar el 10% de derexhos de autor hasta un 25%?
EFM. Consideraría justo que la gente dedicase un 25% de su tiempo libre a leer. Para lo demás ya están las calculadoras. Y los impotentes como usted.
P. Ejem, prosigamos. ¿Está a favor de las descargas gratis?
EFM. Si son sobre su cara, sí. Yo no quiero libros gratis. Quiero comida gratis, zapatos gratis, coches gratis, teléfonos gratis, espirinas gratis, whisky gratis. Sobre todo whisky.
P. ¿Y de la piratería con fines de lucro?
EFM. Ya tengo editorial, gracias.
P. Por eso mismo, ¿le parece lógico que las editoriales ganen mucho más que sus autores?
EFM. Las editoriales no ganan mucho más que sus autores. Y suelen perder mucho más que sus autores. Pregúnteme mejor por las distribuidoras.
P. Ok, ¿qué opina de las distribuidoras?
EFM. Eso no es asunto suyo. Es broma. Las distribuidoras son el eslabón inútil. Por eso caerán primero. Con las librerías pasa lo contrario.
P. ¿O sea?
EFM. O sea que usted está incapacitado para la deducción. O le gusta el whisky casí tanto como a mí. Las librerías son el eslabón más útil. Incluido el escritor. Quiero decir que los lectores las necesitan más que a nosotros. Los autores somos demasiados, las librerías muy pocas. Por eso Internet las salvará primero.
P. ¿Cómo? ¿Internet salvará a las librerías?
EFM. Definitivamente sí: usted bebe a deshoras. Internet no sólo difunde libros electrónicos. Maldita sea. También sirve para localizar y comprar libros impresos. Estemos donde estemos.
P. Al menos no me negará que el libro electrónico acaba con el problema del peso.
EFM. Ese problema también lo tiene su madre. Y no se queja tanto. El peso es parte de lo real. La literatura es real. Lo virtual también. La vida pesa. Sólo la muerte es ingrávida.
P. Mejor terminemos. ¿Llegará el día en que leer una novela digital sea tan agradable y cómodo como leer una novela impresa?
EFM. Leer una novela no es cómodo ni agradable. Todo lo contrario. Debe ser ago incómodo. Y un poco terrible. Igual que ser su esposa. Buenas tardes.
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Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) ha publicado recientemente el libro "Cómo viajar sin ver" (Alfaguara, Madrid, 2010. 256 páginas. 17,50 euros).
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Este texto ha sido publicado en Babelia, suplemento literario dEl País, el sábado 19 de junio de 2010.
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domingo, 13 de junio de 2010

Carlos Ruiz Zafón contra el libro electrónico



El ABC de hoy publica una interesante entrevista de Sergi Doria con el célebre Carlos Ruiz Zafón. En un aparte, bajo el titular "Ruiz Zafón y las nuevas tecnologías", se puede leer: "Las cosas que realmente me interesan prefiero leerlas en papel y en mano. Para el ruido pasajero me basta con la pantalla del ordenador", en cuanto al libro electrónico, tiene la impresión el escritor, "ojalá equivocada, de que beneficiará no a la industria editorial que lo promueve sino a los fabricantes del soporte electrónico, que nos venderán cada año o cada dos un nuevo modelo de cachivache. El ciudadano y la industria editorial van a caer en una trampa de la que creo vamos a salir muy mal parados."
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Después de estas valientes y certeras palabras, esperamos con ilusión su próximo libro. 
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miércoles, 9 de junio de 2010

Amin Maalouf contra el libro electrónico

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El novelista y ensayista libanés ha obtenido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras por su defensa de la convivencia, la cultura y el libro de papel frente a la amenaza del libro electrónico. En la foto se puede leer parte de la traducción simultanea proyectada en la pantalla en la charla que ofreció en su reciente visita a Torrelavega.
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martes, 18 de mayo de 2010

¿Por qué Manuel Vicent no apoya el libro electrónico?

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En el acto de presentación del Premio Alfaguara de Novela 2010, Manuel Vicent se negó a mantener en alto el libro electrónico que le habían dado. También Ignacio Polanco, a la sazón presidente del Grupo Prisa, declinó la petición para tenerlo en sus manos. Ambos declararon después que éso, en clara referencia al libro electrónico en general, es "una puta mierda".
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Ignacio Polanco aseguró que "tendrán que sacarme del negocio del libro antes de que dé mi brazo a torcer, lo digital, en lo que al mundo de los libros se refiere, es una engañifa para hacer dinero por parte de los fabricantes de electrodomésticos". Sólo el tontaina del ganador, un tal Hernán Rivera Letelier de Antofagasta, hizo el papelón que se esperaba de él, obligado quizás por los 129.279 euros del premio que le han dado y por la escultura de Martín Chirino que acompaña al sustancioso emolumento.
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Después de que Manuel Vicent, presidente del jurado, elogiara la capacidad sensorial de su estilo -"cada página es comestible, cada palabra se puede respirar y pasa a los pulmones, a la imaginación, al pensamiento y eso nunca es posible si se lee en un libro electrónico de esos que nos quieren meter a la fuerza"-, Hernán Rivera Letelier se dirigió al atril para improvisar un discurso que empezó con una confesión: "Tengo la rara sensación de ser un impostor, de que le estoy robando el puesto a alguien, de que en cualquier momento un ejecutivo de Alfaguara va a tocarme en el hombro, va a descubrirme y me va a mandar de un puntapié a mi país, a mi desierto, con el puñetero libro electrónico dándome calambrazos en los huevos".
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domingo, 25 de abril de 2010

"El oficio de escribir" de Almudena Grandes

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Este 23 de abril, la escritora está preocupada. No por su futuro, sino por el de su oficio, los constantes malentendidos que alimentan una marea de ignorancia, de incomprensión en muchos casos espontánea, incluso bienintencionada. Eso es lo peor, porque no se siente agredida por personas con las que de costumbre está de acuerdo, sino más bien en esa tesitura evangélica en la que Cristo le pidió a su Padre que perdonara a sus verdugos porque no sabían lo que hacían.
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De hecho, nadie que no esté en su lugar tiene por qué saberlo. Cada uno conoce su oficio, y el suyo consiste en pasar horas y horas delante de un cuaderno o de una pantalla, escogiendo, pensando, puliendo palabras, durante una jornada laboral semejante a la de los trabajadores de cualquier otro sector, aunque a veces, al final de una novela, puede llegar hasta diez, once horas diarias. Y esto, siete días a la semana, todas las semanas de todos los meses que caben en tres, o en cuatro, o en cinco años. No pretende proponerse como heroína, todo lo contrario. Es consciente de ser una privilegiada, porque no concibe una vida mejor que ésta. Pero el precio de su privilegio no es otra cosa que su trabajo.
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El resultado es un objeto que cuesta menos que un cartón del tabaco que fuma. Un libro que ocupa espacio, pero que no se apaga, no se avería, no se funde, no se rompe cuando cae al suelo ni hay que recargar. Un libro que se puede llevar en el bolso, doblar, subrayar, marcar, prestar y releer infinitas veces. Ella lo sabe porque ahora mismo tiene la mesa llena de libros, sus páginas erizadas de etiquetas de colores, párrafos subrayados, márgenes anotados, anotaciones también en las guardas. Cuando necesita alguno, lo identifica de un vistazo, un fragmento inapreciable del tiempo que tarda en escribir “dentista 5 tarde” en la agenda de su móvil. Los libros tienen lomos, colores, portadas. Y algo más.
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Un libro no es sólo el fruto del trabajo de su autor. Más allá del texto, trabajan un editor, un diseñador, un corrector de pruebas, un impresor, un distribuidor, un agente, un equipo de promoción, otro de marketing, las secciones de Libros de los medios de comunicación, y al final, un librero. Si desaparecen los libros, y permanecen sólo los archivos de texto que los originan, desaparecerán todos estos sectores. Y no se trata sólo del número de trabajadores que habrán perdido su oficio, ni siquiera de que un mundo sin editores en quienes confiar ni librerías que colonizar sea más feo, más inhóspito que el nuestro. Lo peor es que alguien, sin duda, saldrá ganando.
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Siempre que lucha la KGB contra la CIA, gana al final la policía, cantaba Joaquín Sabina hace algunos años. Y será la policía quien se lleve el dinero que dejen de ganar quienes trabajan por amor a los libros. Será una policía privada, desde luego, e informática. Porque los piratas siempre están donde más dinero se gana, y en el momento en que los autores se vean obligados a enviar su texto directamente a los lectores que quieran pagar por él, florecerán los sistemas de blindaje, los cortafuegos, las obras maestras del software antipiratería. Así, unos y otros se harán el juego mutuamente, y ni siquiera eso será lo peor.
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Cuando desaparecen las condiciones imprescindibles para que se desempeñe un oficio, ese oficio desaparece. La creación literaria no morirá, pero llegará malherida a la última etapa del proceso. La tranquilidad imprescindible para pensar palabras mientras el tiempo pasa no es compatible con la angustia de un rehén de su equipo informático, expuesto a piratas tan voraces como los mafiosos a quienes paga por su protección, obligado a crear a la intemperie, sin ningún cómplice ni el abrigo de un editor al que llamar en los malos momentos, y abocado, con suerte, a convertirse en un profesional de la conferencia, de los talleres de escritura que absorberán la mayor parte de su tiempo, porque los profesionales no pueden improvisar, ni repetirse. Y esto, si acaso, respecto a la novela. Los géneros menos comerciales, como la poesía o el ensayo, no darán ni para policías. Y nadie estará interesado en digitalizarlos.
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La literatura se irá volviendo más pequeña, más estrecha. Cada vez habrá menos libros distintos donde escoger, y todo el mundo leerá lo que lee todo el mundo. La escritura lenta, ambiciosa, exigente, se convertirá en una hazaña de ociosidad que, como en la Edad Media, sólo estará al alcance de los ricos, que no necesitan trabajar para vivir. Ese será el progreso social que habremos conquistado. Y todo por un objeto que cuesta menos que un cartón de Ducados.
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Los libros no son, desde luego, imprescindibles para la vida. Pero quizá los que claman indiscriminadamente contra la industria editorial en general, y los derechos de autor en particular, deberían dedicar unos minutos a pensar en todo esto y comprobar si de verdad saben lo que están haciendo.
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Publicado en el suplemento dominical dEL PAÍS del 25 de abril de 2010 en la sección Escalera interior que Almudena Grandes mantiene allí.
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sábado, 20 de marzo de 2010

"Derecho al pataleo" de Rafael Reig

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Cuando yo era pequeño circulaba la leyenda de que la NASA estaba gastando millones de dólares para fabricar una herramienta de escritura que pudiera utilizarse en condiciones de gravedad cero. Los mejores físicos norteamericanos buscaban la forma de poder escribir boca arriba. Probaron con propulsión atómica, aceleradores de partículas, bombeo hidráulico... pero cada solución creaba más problemas de los que resolvía. De pronto llegó la terrible noticia: ¡los rusos se les habían adelantado: ya tenían un prototipo con el que Yuri Gagarin iba a ponerse en órbita! El mejor agente secreto consiguió robarlo y, cuando abrieron el paquete en el Pentágono, ¿qué era lo que iban a llevar los astronautas rusos? Un lápiz, por supuesto. Me acuerdo mucho del lápiz espacial cada vez que me hablan del libro electrónico.
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Leer es demasiado barato y sencillo (desde el punto de vista empresarial). Los libros no son caros y, por si fuera poco, se pueden prestar, sacar de una biblioteca, comprar usados en una librería de lance, etc. Además no se estropean: yo le leí a mi hija el mismo ejemplar de Mark Twain que nos leyó mi madre a todos los hermanos. Ese Tom Sawyer de tapas amarillas lo hemos leído ya, por el mismo precio, más de treinta personas. Impreso en 1944, aún sigue «funcionando». Así no hay quien haga dinero a espuertas, ¿verdad?
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Es cierto que los costes de producción han caído mucho, la imprenta no es lo que era, pero incluso así vender libros resulta caro: hay que distribuirlos, gestionar devoluciones, almacenarlos, destruirlos, etc. Es un buen negocio, pero nunca suficiente para la avaricia empresarial. ¿Cómo podríamos ganar aún más? Ésta es la única pregunta a la que responde el e-book.
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Hay que consumir más. Por supuesto que no se dirige a las necesidades reales de los lectores, que no son ningún misterio: más bibliotecas, más ediciones de bolsillo, más mercado de segunda mano, una Editora Nacional, más bibliotecas escolares, etc. Ningún lector que no sea un mentecato necesita almacenar 70.000 títulos.
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Hay pocos lectores mentecatos, por eso la clave está en conseguir, en lugar de lectores, clientes. ¿De libros? No, por favor, eso no es negocio. El lector medio no creo que compre más de cinco o seis libros al año y así no se hace dinero a lo grande. Hay que consumir más, mucho más. La gran idea es cobrar por los cacharros. Si en lugar de libros baratos, que se prestan y se leen en bibliotecas, y que no se estropean, podemos vender un soporte caro y que haya que cambiar cada año, con versiones incompatibles entre sí, que se estropee con facilidad (la famosa obsolescencia programada), que no se preste, que no se pueda leer en una biblioteca... ¿no sería un negocio redondo? ¿A que sí? Y nada de distribución, camionetas, almacenes, libreros, tipos que hacen huelgas o piden aumentos de sueldo... ¡cacharros fabricados en Taiwán y a hacer caja! ¡Ahora sí estamos hablando en serio de hacer dinero!
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Todos sabemos cómo funciona esto: versiones nuevas cada año, todas incompatibles entre sí, duración mínima, averías. Es imposible leer lo que escribí en Wordperfect y grabé en esos discos blandos que ya no valen para nada. Si encuentro en un cajón una casete, enrollo la cinta con un boli Bic y ¡aún suena! Prueba a meter un CD en una mochila y que recorra Europa en Inter-Rail: a ver si funciona treinta años después. ¿Han conseguido ya un simple cargador universal para móviles? Mis (conjeturales) nietos podrán leer el mismo Tom Sawyer, pero tendrán que comprar su propio cacharro.
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Manda quien manda. Para las necesidades de los lectores ya existe el libro, pero da más dinero la ferretería: vender cacharros. Ahora sólo hace falta convencernos de que esos cacharros responden a una necesidad que los lectores sentimos, aunque (todavía) no lo sepamos. Ahora nos van a abrir los ojos: lo mejor es un boli antigravedad de la NASA para escribir tumbados, porque el lápiz es demasiado barato.
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Sé que no hay discusión y el libro electrónico se impondrá: manda quien manda. Lo que no entiendo es la servidumbre voluntaria ni por qué tenemos que aplaudir como papanatas o ayudarles a convencernos. ¿Alguien se cree que, en el fondo, lo hacen todo por nuestro bien?
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Publicado en el suplemento cultural ABCD del diario ABC del 20 de marzo de 2010 en la sección Lecturas y relecturas que Rafael Reig mantiene allí. 
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miércoles, 30 de diciembre de 2009

"Triunfo del libro electrónico" de Quim Monzó

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Judith vive en un planeta que se alimenta básicamente de canciones del MTV latino y de marcas de ropa; se las sabe todas y las identifica a distancia y de un vistazo. Diría que esas dos cosas son lo que más le importa en el mundo, un mundo por el que –aparte de eso y los móviles y los reproductores de mp3– no siente gran curiosidad. Un repaso al ¡Hola! y al Lecturas cada tanto, eso sí, y poco más. Judith es guapa, come con la boca abierta, se pone ketchup en el bistec y, un verano que fue a Galicia de vacaciones con una amiga, de vuelta pasó por el País Vasco. Salivando sólo de imaginar lo bien que se jama allí, le pregunté dónde había ido a comer.
–Uy –me dijo–, tanto que dicen del País Vasco, de que se come de maravilla y tal, y comimos fatal.
–¿Adónde fuisteis?
–Paramos en un centro comercial, no recuerdo dónde, y comimos en la cafetería.
Esa es Judith. Capaz de ir al País Vasco y comer en la cafetería de un centro comercial. Pero todo lo que tiene de iletrada y de falta de interés por lo que se sale de su camino trillado lo tiene de sincera. Por eso, sin rubor ninguno te explica que nunca ha leído un libro. Es como Fernando Hierro, aquel futbolista del Real Madrid al que un día, hace ya un montón de años, le preguntaron cuál era el último libro que había leído y contestó: “¡Ninguno!”. Judith no ha leído nunca ningún libro, vive la mar de feliz sin haberlo hecho y te explica el motivo: porque son muy aburridos. Una vez intentó leer uno, cuenta, pero no pasó de la segunda página.
–Y ¿cómo sabes que son aburridos, si nunca has leído ninguno?
–Hombre, se nota enseguida: no hace falta leerlos para darse cuenta.
Bueno, pues el otro día Judith me enseñó lo que su nuevo novio –otro forofo de las marcas y los móviles, y también de los coches tuneados– le ha regalado por Navidad: un e-reader, un lector de libros electrónicos, eso que muchos llamábamos e-book hasta que anteayer, lunes, leímos el artículo de Magí Camps en el que aclaraba la terminología del artilugio: el continente por un lado y el contenido por otro. Estaba ahí Judith, pues, la mar de contenta con su e-reader en la mano (el Boox e-Book, con memoria interna de
512 MB, ampliable a 32 GB mediante tarjetas SD o SDHC: 8.000 páginas de lectura con una sola carga de batería, y además función de reproductor mp3), tan feliz como cada vez que se hace un tatuaje nuevo.
–¿Te gusta? –me preguntó.
La observaba fascinado. Pensaba: a ver si finalmente se va a poner a leer... Igual la fiebre electrónica consigue que lo que no ha leído nunca en papel lo lea ahora en pantalla.
–Sí. Está muy bien. ¿Y qué libros has cargado?
Me miró con cara de desconcierto.
–¿Libros? ¿Qué quieres decir, cargar libros?
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Quim Monzó publicó este artículo el 30 de diciembre de 2009 en La Vanguardia.